sábado, 14 de enero de 2012

"El sexo es un ejercicio mental que se ejecuta con el cuerpo" (Cabrera Infante en "Ella Cantaba Boleros"


Creo que no hace mucho ya dije en estas páginas, parodiando al autor del encabezado, que el bolero era el equivalente a la poesía romántica del S XX, y no sé por qué, siempre evoca situaciones románticas y sensuales, en las cuales, en muchas ocasiones, no salen las féminas muy bien libradas. Pero es una música que me encanta, desde mis comienzos. En las parrandas de amigos, me recuerdo cantándolos con desigual fortuna, pero siempre con el placer de pasar un buen rato y la secreta esperanza de que alguien los escuchara tras una puerta, una ventana o en el consabido asadero de guitarras y chuletas congeladas.


Como cualquier coetáneo, empecé escuchándoselos a los amigos, y siempre eran los Panchos. Los protagonistas de esas historias (algún día alguien, a lo mejor lo intento desde estas líneas, debería hacer un homenaje a Los Panchos, Los Sabandeños etc. por su contribución sin igual a popularizar un tipo de música).

Más tarde, aparecieron los nombres de Los Tres Reyes, Los Tres Ases, el Trío Calaveras, Los Diamantes.

Luego vino un viaje a Cuba: allí descubrí que en Cuba nació una forma de armonizar el bolero distinta a la mexicana y descubrí a Ibrahim  Ferrer, Omara Portuondo, Pío Leyva y sobre todo, se me quedó grabada una forma nueva de arreglarlos, heredada del Jazz y el swing, que tanta influencia tuvieron en la Cuba de Batista y que se tradujo a la cubana con el nombre de filin y que nos dejó nombres como Frank Domínguez, José Antonio Méndez y como no, el gran Pablo Milanés, cuyo disco grabado en el Floridita es de lo más hermoso escrito.


Hoy forman parte de nuestro paisaje las canciones de Armando Manzanero, sin duda el más grande compositor de boleros de la historia. Sus canciones las cantan  los maduritos y la gente más joven; desde los llamados culteranos a las clases populares; desde los rincones del bolero de mi querida Habana a los salones más refinados. Creo que, por todo esto, se merece este pequeño homenaje. Por cierto, algunos lo seguimos cantando en un susurro al oído.

"No hace falta que te diga
que me muero por tener
algo contigo,
es que no te has dado cuenta
de lo mucho que me cuesta
ser tu amigo"

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