Esta es de Vargas Llosa y fue publicada en uno de sus estupendos artículos dominicales de El País. Uno puede, es más, debe estar en desacuerdo con Don Mario, pero qué bien escribe y qué polemista más agudo y creador de incertidumbres es.
Esta diferencia entre el "Auctoritas" y la Autoridad es algo muy poco frecuente de encontrar en el mundo de hoy, quizás porque los profesores nos vienen impuestos y los maestros los elegimos nosotros, pero ¿cuántos de estos últimos encontramos en esta fauna de Blogeros, tertulianos (a partir de hoy me dejarán usar la licencia de llamarles "tertulianos"), políticos que copan nuestras fuentes de información. ¿Cómo distinguir al ilustrado del demagogo y no deformarnos en el Cambalache de Discépolo?
Quizás sirvan estas reflexiones de Don Mario para ayudarnos.
"Pero la autoridad, en el sentido romano de auctoritas, no de poder, sino, como define en su tercera acepción el Diccionario de la RAE, de "prestigio y crédito que reconoce a una persona o institución por su legitimidad o por su calidad y competencia en alguna materia", no volvió a levantar cabeza. Desde entonces, tanto en Europa como en buena parte del resto del mundo, son prácticamente inexistentes las figuras políticas y culturales que ejercen aquel magisterio, moral e intelectual al mismo tiempo, de la "autoridad" clásica y que encarnaban a nivel popular los maestros, palabra que entonces sonaba tan bien porque se asociaba al saber y al idealismo. En ningún campo ha sido esto tan catastrófico para la cultura como en el de la educación. El maestro, despojado de credibilidad y autoridad, convertido en muchos casos en representante del poder represivo, es decir, en el enemigo al que, para alcanzar la libertad y la dignidad humana, había que resistir, e, incluso, abatir, no sólo perdió la confianza y el respeto sin los cuales era prácticamente imposible que cumpliera eficazmente su función de educador -de transmisor tanto de valores como de conocimientos- ante sus alumnos, sino de los propios padres de familia y de filósofos revolucionarios que, a la manera del autor de Vigilar y castigar, personificaron en él uno de esos siniestros instrumentos."