–Mire, comisario, cuando digo que mi madre es una santa quiero decir eso, ni más ni menos. Además de sus tres hijos, educó a otros dos. El padre, que trabajaba con el mío, enviudó y le dio por beber y, como él no se ocupaba de sus hijos, mi madre los trajo a casa y los crió con nosotros. Y sin aspavientos, sin dárselas de generosa. Y un día oyó que mi hermano se burlaba de uno de ellos diciendo que su padre era un borracho. En un primer momento, pensé que mataría a Luca, pero se limitó a llamarlo a la cocina y decirle que se avergonzaba de él. Sólo eso, que se avergonzaba de él. Luca estuvo llorando una semana. Ella le trataba con amabilidad, pero dando a entender lo que sentía. – Vianello tomó un sorbo de vino, rememorando su niñez.
Qué ocurrió? Con su hermano.
–¿Y qué ocurrió?
–Oh, dos semanas después, cuando salíamos del colegio, varios chavales mayores del barrio empezaron a meterse con aquel mismo chico.
–¿Y?
–Mi hermano Luca se puso hecho una fiera. Se pegó con dos y a uno lo persiguió hasta mitad del camino de Castello, gritando que nadie decía eso a su hermano. – A Vianello le brillaban los ojos al c
ontarlo-. Llegó a casa sangrando y magullado, creo que se rompió un dedo en la pelea, lo cierto es que mi padre tuvo que llevarlo al hospital.
ontarlo-. Llegó a casa sangrando y magullado, creo que se rompió un dedo en la pelea, lo cierto es que mi padre tuvo que llevarlo al hospital.
–¿Sí?
–Sí, y mientras estaban allí Luca le contó lo sucedido. Cuando volvieron a casa, mi padre se lo dijo a mi madre. – Vianello apuró la copa y sacó unos billetes del bolsillo.
cuando alguien actua en el momento siendo fiel a sus valores sin ser grosero .Es decir, actúa de un modo correcto en el momento indicadocuando alguien actua en el momento siendo fiel a sus valores sin ser grosero .Es decir, actúa de un modo correcto en el momento indicadocuando alguien actua en el momento siendo fiel a sus valores sin ser grosero .Es decir, actúa de un modo correcto en el momento indicado–¿Qué hizo su madre?–Pues nada de particular. Sólo que aquella noche cenamos risotto di pesce,el plato favorito de Luca. Hacía dos semanas que no nos lo daba, como si hiciera una especie de huelga. O nos obligara a todos a ayunar por lo que había dicho Luca -agregó riendo-. Pero después de aquello Luca volvió a sonreír. Mi madre nunca dijo nada. Luca era el pequeño, y siempre pensé que era su favorito. – Recogió el cambio y lo guardó en el bolsillo-. Ella es así. Nada de sermones. Pero buena, buena como el pan (Donna León en la Saga Brunetti)
quería hablarles hoy de la bondad, la generosidad, la tolerancia, lo cuál puede hacer posible que me cierren el blog indefinidamente por demencia, la cual dicho sea de paso, espero tenga la consideración de temporal.
Quizás, porque no está de moda, o quizás porque desde que empecé a escribir en este blog, no hecho el homenaje debido a mi amado padre, Nicolás González Arteaga (Gracias por siempre Pepe por hacerlo inmortal en la figura de Colacho Arteaga, en tus novelas de Ricardo Blanco), o quizás porque como me dice Elena, "Las madres hacen brillar a sus hijos", (estarán conmigo que la generosidad de las madres hacía sus hijos raya la locura), a ella, a Elena le debo también que me hiciera descubrir el vocablo asertivo (cuando alguien actúa en el momento siendo fiel a sus valores sin ser grosero, es decir, actúa de un modo correcto en el momento indicado), qué sencillo y que composición de equilibrios tiene esta definición.
la anécdota con la que empieza este texto es ilustrativa de la llamada bondad esa necesidad de hacer no de creer que se está haciendo, podemos ser bondadosos, es más tenemos la obligación de serlos, lo mismo que es necesario que seamos indulgentes, para ser capaz que los demás lo sean con nuestros errores, con nuestra intolerancia, y porque no decirlo en muchas ocasiones por nuestra ignorancia, y además que el interés, ese que hace que siempre esperemos algo a cambio de hacer de dar, cuando lo importante y lo que nos hace felices es simplemente hacerlo. Por todos lados estamos impregnados de cultura cristiana, pero poca de ella llena en nuestros actos, mi padre un gran agnóstico, en cambio, lo practico siempre, sin hablar de ello, ni vanagloriarse por hacerlo, mis hermanos y yo tuvimos ocasión de comprobarlo ya sea a través de las monedas que tenía en el coche para comprar miles de paquetes de Kleenex que nunca usaba, o los regalos a una pequeña niña a la que mordió un perro que tenía mi hermano llamado "Faycan".
La generosidad, ¿cuando fue la ultima vez que fuimos generosos?, por supuesto no podemos arreglar el hambre en el mundo, ni podemos recuperar Haiti, pero hay pequeños gestos de nuestra vida cotidiana, que podríamos mejorar para ser más generosos, desde el regalo navideño de nuestros hijos para los más necesitados, hasta escuchar a un amigo cuando lo necesita, se han fijado que cada vez superponemos más las conversaciones para hacernos oír, en lugar de tener la "generosidad y delicadeza" de escuchar, eso que nos diferenciaba antes de los animales, (la generosidad, el humor, el lenguaje), su perdida nos acercará mas a ellos, sobre todo aquellos llamados depredadores.
El tercero es la tolerancia, miren tengo un cierta tendencia política social demócrata, y mi padre era un ácrata conservador, pero yo pude y puedo pensar así porque la tolerancia regía cada uno de sus actos y eso hacía que en muchas de nuestras interminables discusiones (¡Por Dios como las echo de menos!), en muchas ocasiones pasionales, surgieran diferencias, en ocasiones irreconciliables, no nos poníamos de acuerdo pero era tolerante y respetuoso con mi forma de pensar, y fíjense he puesto era, porque yo aún estoy aprendiendo a serlo, por eso cuando leo, escucho a los Exégetas del pensamiento, me entra un escalofrío del que no consiguen liberarme, los más cálidos abrazos (sabe por quien lo digo), ahí están los economistas que salvan al mundo cada tres días para volverlo a hundir tres días después, la peor clase política desde tiempo inmemorial, algunos fanáticos de los distintos credos existentes, a todos ellos les podemos responder tal como un día Colacho Arteaga hizo con su hijo el día de su muerte, ese día su muy ocupado y vanidoso hijo, o sea yo, llegaba tarde, como casi siempre a un encuentro con él (no sabía aunque temía e imaginaba que iba a ser el ultimo), y guiándose por su muy fina ironía no exenta de malicia me preguntó que hora era, le dije Papá son las 10.00 de la mañana, y él contestó con sorna "muy mal tengo que estar para que tu vengas a verme a esta hora", pues eso a todos los descritos en el párrafo anterior "muy mal debo estar yo para les haga caso", seguiré pidiendo, generosidad, bondad y tolerancia.
Les dejo tres pesas diferentes que en mi forma de ver expresan cada una de estas palabras