Esta mañana me he levantado con, la para mi, mejor noticia del año “El risco caído, y las montañas sagradas de Gran Canaria”, han sido nombrados patrimonio de la humanidad. En ese mismo instante el recuerdo que vino a mi memoria, era ir con mi padre cogido de la mano y mientras escuchaba parlotear al “alegantín” (que habla mucho, por lo general de forma intrascendente), de su hijo, me decía en las mismas faldas del Nublo, Ciro “Escucha hablar al silencio”. Él que era un hombre de silencios graves, poco ceremonioso y nada religioso, si que era profunda y sanamente espiritual y todas esas cuevas y montañas mágicas, al igual que el malpais Conejero, Orzola y su arena blanca quedaron para siempre impregnadas en mi alma, como ha quedado Arrieta. Todas estos paisajes y su halo mítico producían en su ánimo una templanza y ternura, que para mí suerte han calado en mi ánimo y que intentaré transmitir a mis hijos.
Eso también me pasa con la música, si escucho cantar “Sombras” a Javier Solis, “Vesti la giuba” (El aria de Pagliacci) a Gigli o Domingo o “Strangers in the Night” en la voz de Sinatra, recuerdo las interminables excursiones con las cintas de casete de cartucho, donde nos hacía ir a ver y a conocer cualquier paisaje y cualquier rincón, por lejano y poco transitado que hubiera (cuántas veces nos quedamos “varados” en alguna carretera de Lanzarote o Fuerteventura con las ruedas hundidas y poniendo tablas de madera y excavando con las manos para poder liberar el vehículo), mientras nos hacía pensar que estábamos viviendo una aventura. De esta forma recorrimos mis hermanos y yo todos los pasajes naturales de Gran Canaria, Fuerventura y Lanzarote, el nos enseñó a amar a esta tierra y sus silencios que tan solo se rompen al contemplar el paisaje.
Hace unos días pensaba a hablar de la influencia del deporte en mi vida, hoy sé que el me inculcó el deporte y el sentido deportivo de la vida, ese que dice que se puede perder, lo malo es convertirlo en hábito y que siempre tendremos una oportunidad mas. Quizás por eso me encantan los artículos De Santiago Gil, hablando de la Unión Deportiva, de los paseos hacia el Insular, de la grada Fedora y de las tertulias post partido en el “Paga" o en “La Cuadra”, entre caracoles y chuletillas de cordero. Estoy convencido que allí donde esté se levanta y aplaude cada vez que su nieto coge un rebote y se tira al suelo como si cada minuto fuera el último, probablemente se partiría de risa si su hijo le comentara al oido que el se hubiese roto todos los metatarsianos.
Quizás por esto último deba contar una historia íntima, el día que España gana el mundial de fútbol el 11 de Julio de 2010, estaba celebrando, as usual, la Romería de San Benito, soy un Lagunero de adopción, y entre vapores etílicos y abrazos a personas que no conocía, mi amigo Pepe es testigo de lo dicho, me hice un juramento le contaría al viejito la victoria de España en el mundial, dicho y hecho al día siguiente fui a San Lazaro con una rosas amarillas y rojas me senté ante su lapida y le conté el partido, le hablé de la semi volea de Iniesta, de la patada a Xavi Alonso, de la parada con el pie de Casillas y de la inmensa orgía de felicidad que, en ocasiones sólo el deporte es capaz de producir.
Por todo esto vale Viejito
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